Alfombra boucherouite colorida extendida en el suelo

Beni Ouarain

Es la alfombra amazigh de mayor reconocimiento internacional. Fondo de lana marfil, unas pocas líneas negras que trazan una retícula o un rombo, pelo espeso. Un lenguaje mínimo —base neutra, geometría rotunda, sin recargo— presente hoy en el interiorismo contemporáneo de Europa y Norteamérica.

Los Beni Ouarain son una confederación de diecisiete tribus amazigh del norte del Atlas Medio. Se teje en altura, donde el invierno es largo y el textil responde a una necesidad, no a un adorno. De ahí el pelo grueso: aísla del suelo y sirve a la vez de cama y de manta. La lana es de la oveja local, sin teñir, en marfil y pardo oscuro.

La sobriedad del dibujo tiene una causa. La vida en la montaña, apartada de los centros artesanos de Fez y Marrakech, mantuvo el gusto al margen de la ornamentación urbana. Las líneas finas y los rombos no descienden del arabesco. Pertenecen a una cultura visual aparte, más cerca de la abstracción que de la decoración.

El tejido parte de un telar vertical. Urdimbre firme, nudo hecho a mano, anudado alto y denso para levantar el pelo. La pieza avanza despacio. Las variaciones de tono en la lana, o el trazo que no cierra igual, forman parte del tejido.

En un interior funciona por reposo. Sobre suelo neutro, entre líneas sobrias, ordena sin competir. El marfil rebaja, la geometría fija la mirada, el pelo alto asienta el paso.

El cuidado es sencillo. Aspirado suave, en el sentido del pelo, sin cepillo giratorio. Un giro de la pieza dos veces al año reparte el uso.

Otras piezas de la misma tradición amazigh: Boucherouite y Boujad. Volver a los estilos