alfombra boujad vintage

Boujad

El color la define. Rosas, corales, rojos y terracotas —del tono encendido al desvaído— sobre una composición libre que rara vez cierra simétrica. Es la más cálida de las tradiciones amazigh.

Se teje en las llanuras del centro de Marruecos, alrededor de la ciudad de Boujad, a los pies del Atlas Medio. Las tejían mujeres amazigh para la casa, no para vender; de ahí que las piezas antiguas no se parezcan entre sí. Cada una recoge una vida: la tierra, la boda, lo que se espera del año.

El rosa tiene un origen concreto, el tinte. La rubia da los rojos, que rebajados o envejecidos por el sol viran al coral y al salmón. A eso se suma el abrash, la variación de tono dentro de un mismo color, que en una Boujad no se corrige. Es parte del dibujo.

El tejido parte de un telar vertical, urdimbre firme y nudo hecho a mano, con el pelo de altura media. La composición no sigue plantilla: rombos, franjas y signos que la tejedora encadena sobre la marcha. Por eso el dibujo avanza y cambia, y el reverso deja ver dónde se pensó y dónde se improvisó.

En un interior funciona por temperatura. Sobre suelo neutro, entre materiales fríos —piedra, cemento, lino crudo—, el rosa y el rojo caldean la habitación sin necesidad de más color. Se sitúa como pieza central; alrededor, conviene dejar espacio y línea sobria.

El cuidado es sencillo. Aspirado suave, en el sentido del pelo y sin cepillo giratorio. Las manchas, en seco y sin frotar; si hace falta agua, fría y un paño limpio. Un giro de la pieza dos veces al año reparte el paso y la luz.

Otras piezas de la misma tradición amazigh: Beni Ouarain y Boucherouite. Volver a los estilos.