ALFOMBRA AZILAL

Azilal

Viene del Atlas central, de la provincia que le da nombre, donde el Alto Atlas se encuentra con el Medio. Valles altos como el de Aït Bouguemez, pueblos de piedra y tierra, inviernos largos. Una alfombra Azilal se reconoce enseguida: fondo de lana cruda, casi blanca, y encima un dibujo de color que parece trazado a mano alzada.

La estructura es la de las alfombras de pelo del Atlas: lana, fondo claro, rombos y líneas quebradas. Es la misma gramática que la de una Beni Ouarain, con otra voz. Donde aquella se queda en el negro sobre marfil, la Azilal suma rojos, naranjas, rosas, azules y amarillos, repartidos con una libertad que recuerda más a una Boucherouite.

El pelo es más bajo y la pieza, más ligera. Eso deja sitio al detalle: trazos finos, símbolos pequeños, contornos que se leen de cerca. Muchas piezas antiguas son de formato medio o pequeño, tejidas para el uso diario de la casa y fáciles de mover. Es una alfombra bereber hecha para el frío de la montaña, pero sin el volumen de las de pelo alto.

Cada una la tejía una mujer, a menudo la de más edad de la familia, en un telar vertical y a lo largo de semanas o meses. En ella dejaba un repertorio de signos aprendido de su madre: figuras que la tradición amazigh asocia con la fertilidad, el nacimiento, la protección o la unión. No se copiaban de un modelo. Cada tejedora los combinaba a su manera, y por eso una Azilal admite asimetrías, figuras sueltas y motivos que cambian de idea a mitad de camino.

Tradicionalmente, los tintes salían del entorno: rubia para los rojos, índigo para los azules, henna y plantas del valle para los amarillos y los ocres. Muchas piezas vintage combinan ya lana de tinte natural con tintes sintéticos, que explican algunos tonos más encendidos. Forma parte de su historia y no le resta nada.

En casa trabaja como una nota de color sobre una base tranquila: a los pies de la cama, en un salón de suelos claros o colgada en la pared como un tapiz. El pelo bajo la hace cómoda también bajo una mesa. Para cuidarla basta aspirar sin cepillo giratorio, retirar las manchas en seco o con agua fría, sin frotar, y apartarla del sol directo, que apaga el color con los años.

Es una alfombra bereber que se mira como un dibujo. Las piezas Azilal de la colección están fotografiadas con luz natural y sin retocar el color, y puedes verlas en el showroom de Vitoria-Gasteiz con cita previa.

Otras piezas de la misma tradición amazigh: Beni Ouarain y Boucherouite. Volver a los estilos